Un mail de Nina

La mañana de hoy me llamaba a la tribulación. Sin razones fácticas, cosas que suelen pasar. En medio de la serenidad del día abrí mi mail y me di con una sorpresa: que tenía un correo de Nina. Hacía tanto tiempo que no sabía de ella. Nina, mi american mom.

Durante mi estancia en tierras estadounidenses (tierras de libertad o  tierras imperialistas; cada uno decide cómo llamarlas), Nina estuvo siempre conmigo.  Mis pensamientos recurren a su voz peculiar, llena de gracia, y en su cello. Y claro, que a su placa de su carro le había puesto Cellist. Y en ese carrito (su Pathfinder) me llevaba a la orquesta todos los jueves por la noche. Y nos bromeábamos con total naturalidad a pesar de la diferencia de edades. Ella me preguntaba por mi país, Perú, y yo empezaba a hablar. Y ella me contaba su experiencia de su último viaje a China. Sabía hablar chino, lo había aprendido ella sola. “Américo, en China una misma palabra puede signifcar muchas cosas…. sólo es cosa que le cambies la entonación y dices algo totalmente distinto”. Inutilmente trató de enseñarme algunas palabritas. En cambio yo tenía más éxito con el español. Un día me pregúntó cómo era el gentilicio de los que somos de Perú. Y yo le respondí “peruvian, I mean, Peruano”.

Desde aquel momento mi nombre pasó a ser Peruano. Ser peruano era algo tan curioso. Es que claro, era Cedar City, Utah. Y por las noches conversábamos sobre todo. Ella, como buena utahnense, era mormona. Por mi lado, digamos que un intento de católico. Frente a todo pronóstico era Charlas alucinantes porque los dos abríamos nuestras mentes. Gracias a Nina entendí muchísimo la cosmovisión mormona. Frente a estereotipos cucufatos y abstinencias, Nina me daba respuestas tranquilas y libre aplicación en su propia vida. Eso de no tomar acohol, tomar café o fumar. ¿Cómo asimilarlo en su mundo? Y de pronto en los restaurantes encontraba máquinas con Coke sin cafeína y full café descafeinado. Y mientras yo (y más de un mormón desobediente) con cosas que yo sentía que la sociedad restringía, Nina me mostraba el sentido dentro de su lifestyle. No puedo explicarlo, y creo que ese es el problema por el que no entendemos a los mormones, es que cosa de vivir con ellos. Y así, Nina no se ofendía que tomase mi rico cafecito al frente de ella.

Y yo por mi parte también le contaba sobre mi forma de ver el mundo. Éramos tan distintos pero a la vez tan comprensivos el uno con el otro.

Tal vez ella nunca tome un café, tal vez nunca crea yo en el libro de mormón, pero cómo valoramos nuestras manera de ver el mundo.

Cosas que me sorprendieron: …. su conservadurismo bueno (porque siempre lo relacionamos al mal)… ella sí sabía practicarlo con mucha franqueza.

Vamos… pero también era un mate de risa…  siempre me decía que su compañera de misión mormona en Canadá era mexicana y que le decía “Chica la bumba” (nunca sabremos qué singnificaba eso), pero sonaba gracioso y Nina le encantaba decirlo.
El mail de Nina venía cargado de fotos que nos tomamos allá, por el hemisferio norte. Y no saben, la extraño y sonrío.
Debo admitir, ante todo pronóstico, que uno de los momentos más dulces de mi vida está en Utah, en Nina precisamente.

Nina acaba de volver nuevamente de China y quiere venir a Perú. Que venga!… que venga!

que vuelva a escuchar su “Hola Peruano, how are you?” y ver (como ella misma se autocalifica) a “the crazy American cello player”.

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