El nuevo Starbucks

Hace unos días han abierto un Starbucks por mi casa. Y no sólo por aquí, en Surco, sino también hace poco en Larcomar y La Molina y Las Begonias en San Isidro. Es que tiempo atrás apenas un par de locales abastecían de café combinado con sillones anchos y buena música de fondo a una ciudad de 9 millones de habitantes como Lima, Perú.

Pero pareciera que la expasión va como un episodio de la serie de los Simpson, que según Mario me relataba. Bart Simpson se va a poner un piercing al centro comercial y la primera tienda que encuentra es un Starbucks, la que sigue una juguetería, la otra un Starbucks, luego una tiendas de regalos, luego un Starbucks, luego una tienda cerrada que dice “Coming soon: Starbucks” y finalmente la tienda buscada en donde a Bart le tendrán que colocar el piercing rápidamente porque en breves minutos se convertirá en un Starbucks. Tanto así que sale de la tienda con su piercing nuevo y café en mano.

Cosa de que entras y te reciben con confianza y una sonrisa. Te hablan, tonteas, y claro en el nuevo local me preguntan por donde vivo, y yo digo aquí no más y entonces me responden diciéndome que entonces nos veremos seguido y sí pues, je.

No sé si sea un fan Starbucks, más que un delicioso capricho. Que Alejandro tenga razón al decir que hay mejores calidades de café en otros lados, pero resulta que ello me resulta secundario frente al ambiente en donde me puedo relajar y conversar.

Además, siempre me acompaña (uy esa frase implica que ya me tragué la técnica marketera de “amor a la marca”). Incluso hasta me olvido que se trata de una trademark estadounidense, porque parece un marca sin bandera. Hasta me alucino que se trata de la misma tienda, el mismo “aura” que me acompaña cuando recorro ciudades y encuentro un Starbucks para tomar un café.

Cuando me moría de frío cerca del teatro Kodak, había un Starbucks, cerca al Museo del Prado, también, en el Tempe Blvd. y ahora por mi casa también. Y el amor al café se convierte al cariño de un ambiente que varía físicamente pero que no se pierde en medio del tiempo y espacio.

No será el mundo Starbucks, pero sí el ambiente , que lo hace más intimo que aquel centro comercial de Bart, porque así en medio de espacios pequeños se pasa un buen momento, hablando y tomando café (o lo que fuera, total, es pasarla bien, je).

(y claro, cuando yo voy, el vasito también tiene mi nombre)

(Lima, Starbucks, Lima)

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