Sabe a compañía

Era de mañana y yo caminaba por la calle con poca plata. Entré al supermercado para comprar un bebida. Pensaba en una rica gaseosa o un extracto de jugos, no sé. Pero es que de pronto encontré un botella familiar. Powerade color turquesa. Esa botella de vidrio, de sabor extraño y color curioso.

Tal vez nunca la hubiera probado, o en todo caso simplemente rechazado por su extraño sabor.

Pero la mente me retrocedía un poco en el tiempo y ahora me hallaba en el aeropuerto de Las  Vegas, esperando mi vuelo y con poca plata en el bolsillo.

¿Sacar dinero de un ATM a estas alturas cuando estoy a punto de viajar? Pero tengo hambre y necesito algo cómodo. Pero es el aeropuerto de Vegas. En fin; Vegas, alfombras rojas, luces, elevadores y pantallas gigantes. Soledad de ver maletas correr y ver hombres caminar. Sacos, pantallas, más pantallas, Wellsfargo Bank, escalera y yo. Yo entrando al aeropuerto luego de que el taxi me dejase en la puerta de entrada de Delta y yo con hambre y calor. Subía las  escaleras para buscar mi puerta de embarque pero a ver qué me puedo comprar. Lo más barato para comer. Y de pronto vi un Quizno´s y una tienda al paso donde vendían agua y Powerade. El sandwich más barato; 9 dólares. Ya. Y una botella de Powerade, 3.50 dólares. ¿3.50 dólares? Sí, buddie. Me dijo la vendedora morena, buena gente. Las Vegas Airport, pal. Y mi sandwich y mi bebida eran mi compañía en medio de tanta gente. Era mi bebida, mi sanwich y yo. Y claro, mi boarding pass.

Ahora no estaba en medio de tanta gente, pero sí, me sentía solo. Los pasillos vacíos del supermercado me conducían a ese Powerade turquesa que no me gustaba, porque al igual que en Las Vegas, simplemente lo tomé porque era lo único que había. Pero tenía un valor; en ese momento me acompañó.

Ignoro si los objetos pueden acompañarnos en realidad, pareciera que resulta  mejor sentir algo semejante a creerse en una plena soledad.

Al llegar a la caja, el Powerade me costó tan sólo 1,50 soles (0,45 cent. de dólar). El precio variaba, pero su sabor no cambiaba, ni el valor que yo le daba.

Luego de tomarlo, salí a recibir el aire de la calle, listo a seguir mi camino, como en Las Vegas. Como en ese aeropuerto en donde debía seguir mi rumbo de vida. Así, como tomando fuerzas para continuar yo lo hacía ahora.

Aquel Líquido turquesa extraño que acompañaba y sabía raro, también estaba aquí en Lima.

La fuerza aquí, allá; en todos lados.

(Mccarran Airport, Las Vegas, NV)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s