MIA

Tengo sueño, de hecho que no mucho, pero definitivamente hay algo.Luego de llegar a MIA (siempre pasan cosas en ese aeropuerto),  tuve que buscar una de mis maletas por los carruseles de equipajes.Claro, en LIM solo hay 2, pero aquí tuve que pasearme al menos hasta el número 25 (guardando la inútil esperanza de que no hayan más por el fondo).

Definitivamente hay algo, además del sueño. El vuelo me la pasé durmiendo. Y claro, al llegar mis ganas no dejaban de ser las mismas.Pero siguiendo con el vuelo; era cosa que abría y cerraba mis ojos solo para comer mi omelet y tomar mi vasito con agua y (por qué no también) un vasito de orange juice. Las cosas se van agringando poco a poco; o mejor dicho, agringando bajo los ojos latinos. Porque si llegas a Miami llegas y de pronto la chica que está  para chequear los equipajes recogidos te habla en es español, y de pronto yo pensaba que me lo decía a mía y a toda la retafila de peruchos y latinbrothers, pero no, ni las gringas se salvaron, “Usted a ónde va / de ónde viene?’

 “Para que regresa?” Yo le iba a decir que a bailar reggaeton y seguir jugando con el spanglish, pero fácil así el de migraciones se hubiera reído (y lo de la risa bien le hubiera gustado, o si no, tal vez no le gustaba y “lo siento papi, al south”). Por eso, tranquilo no más, sin juegos. MIA está más grande, pero no por ello más ordenado.Todo messy, tan caótico, como ese lado de Latinomérica que por aquí reinventamos.

Eso falta, pero cómo explicarlo, no es tan fácil como decir u know. 

Sigo con algo de sueño. (hay algo)

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