Vegas

 

Las Vegas resulta una especie de sueño simpático que vuelve por momentos en la vida cotidiana. Desde mi computadora suenan los soundtracks del Cirque du Soleil y eso es lo que me queda del aura de esta ciudad.

Sí, Las Vegas, casinos. Encierran tantas vidas que intentan ir más allá de las máquinas y casinos. De pronto me imagino a Cristina como repartidora de tickets en uno de los juegos del hotel Harra’s. Mirándolos, sintiéndose parte del sistema y la rutina pero al mismo tiempo dueña de la verdad que trasciende el día a día de los estadounidenses. ‘Ellos no saben lo que pasa con su país’, piensa. Y de pronto entrega otro ticket.

***

El papá de Efraín es mormón y vive en Las Vegas. Trabaja en el Excálibur como houseman. Me alojó una noche en su casa que está a 20 minutos de los casinos. ‘Si, mijo, en Las Vegas también hay casas’. Y me decía que era una de las ciudades con mayor crecimiento de la nación. Se sentía orgulloso porque podía ir a la tienda más cercana y encontrar un vino chileno, que le hacía acordar a su país. Y me decía que Pinochet era lo mejor que le había podido pasar a Chile. Yo sólo lo escuchaba; total, era el papá de mi amigo.

En otra ocasión me fui manejando de Utah a Las Vegas con el carro de Eddie en medio de una tormenta de nieve que casi nos mata. Pero al llegar a Nevada vi un mar de luces que realmente me demostraban que estaba en la ciudad de los casinos. Aparecieron radios en español, las estaciones de California, sí. El show de Piolín, un mexicano muy conocido. En otra estación anunciaban que Kumbia Kings estaría en Vegas (se obviaban el ‘Las’). Ese grupito que canta ‘Mi dulce niña’ y que me hacía tararear un ‘na-nan-na’, que  precedía a un ‘tú me fascinas, por tu sonrisa, por tu mirada niña’. Sólo quince dólares, guey, decían en la radio. Oí por primera vez esa canción en la casa de Martha en Lima, que justamente también estaba por allá, sólo que más al sur, en Texas (pero es que allá los mexicanos dicen Tejas).

‘Mi dulce niña’ se mezclaba con la música de René Duperé (Cirque du Soleil).

***

 

Las Vegas también es para mí sinónimo de la primera vez que tomé una limosina, que costaba 42 dólares. Y la tomamos porque la ley no dejaba que nos subiéramos 7 personas en un taxi. No salió tan caro, 6 dólares por persona. Pero fue bonito. Tal vez algún día se repita.

Manejar por las Vegas es divertido. Pero caminar es más bonito. El strip (Cristina me decía que le dijera así al boulevard) era en efecto una invención. Los gringos se quedan fascinados porque sienten que su discurso de la gran nación entra en una Torre Eiffel simulada, un Palacio del César Copiado o una góndola veneciana puesta en un río artificial. Pero para mí era simplemente un boulevard amplio para estirarme, sonreír y tomar cafés.

Las Vegas  es comer en el Subway porque la plata no me daba para comer en un lugar mejor. No podía jugar en Vegas por no tener 21, pero no importaba, porque los casinos, eran secundarios frente a todo lo demás.

 

Una ciudad creada en un desierto. Inventada, ficticia, falsa, pero al mismo tiempo especial cual telón del Cirque du Soleil

Un comentario sobre “Vegas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s