Pequeños pasos

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Hay cosas sencillas que se sienten en el corazón como grandes logros. Y no me refiero al salario, el trabajo, los “éxitos”, el prestigio, la imagen que proyectamos y blablablá. Me permito hablar de algo que muy posiblemente pasaría como un simple hecho anecdótico, incluso soso. Pero no: simples pasos de un humano que a veces pueden significar el mundo y más para la humanidad. En esta oportunidad no hablaré del viaje a la luna sino de sencillos movimientos míos que volvieron mi pequeño universo un poco más especial.

En el piso #16 de un edificio color plateado, cercano a Times Square, se encontraba Meco un poco perdido, buscando. El solo hecho de llegar fue respirado como un logro, luego de haber caminado por las calles de la ciudad que nunca duerme. La temerosa meta era encontrar un taller de salsa, EL taller. Mientras tanto la calle, las luces de las pantallas gigantes fungían del sol ya desaparecido luego del atardecer y desde afuera el edificio parecía uno más en medio del mar de bestias urbanas. El sonido exterior me acompañó hasta las alturas del edificio, en donde hallé a un pequeño estudio de danza que se refugiaba escondido del tráfico urbano. Piso #16, ventanas grandes con vista a otros rascacielos, sonido de las sirenas de la policía y los carros. Desde ese salón, Meco, quien ya llevaba un tiempito mejorando pasitos de baile, se sumó a un grupo de desconocidos. Y esta vez, fue parte de una rueda de sonrisas, salsa y alegría. Meco, Meco: desde que viniste a este país pensaste en aquellas películas en las que el baile te llevaba por universos paralelos y transformaba temores en funciones y sentires que desconocías de ti mismo. Esas imágenes distantes, aquellos personajes extraños y cuasi míticos ya no lo eran más; ahora también podías sumarte, mezclarte en esa magia que recorría el salón al ritmo rampante de la música. Luego de un gran abrazo comunitario, todos sabíamos de nuestro regresar al mar de luces y gentes, luego de tener que bajar por el ascensor hasta el piso #1. Pero algo queda en el corazón de Meco; el sentir de una pequeña fantasía adolescente que deja de ser un suspiro para evolucionar en satisfacción. La luna brilla fuerte en el cielo de la ciudad de Nueva York.

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